domingo, 12 de junio de 2011

Del origen del cariño

   Muchas veces me he preguntado: ¿Como es que surge el cariño?, ¿De donde sale esa intención de ofrecer nuestra proteccion, nuestro interés, nuestro tiempo y nuestras fuerzas de una manera incondicional?. Hoy iba en el camión de regreso de la casa de Cuenca, comentando con Tellez nuestros ya tan conocidos problemas con las feminas. Y fue en el momento en el que no tuvimos nada más que decir, cuando me vino a la cabeza nuevamente la pregunta.
   Curiosamente, fue en ese instante cuando me di cuenta, gracias a los recientes sucesos que me han hecho dudar otra vez de mi salud mental, que nos es necesario a todos nosotros; amigos y hermanos, saber de una buena vez como es que inicia este proceso. Me puse pues, a enumerar los sucesos que dan cuenta, en un primer momento, de la relacion que puede dar origen a un cariño. Y tengo mucha suerte, pues en este preciso momento tengo bastante fresco en la memoria el inicio de una relación. Confío en que mis sentimientos puedan ser controlados por mi memoria, y mi razon no sea traicionada por las semejanzas de la situación.
   Cuando analizo la situación de manera que logro enumerar los diversos constructos sociales que hacen mas firme una relación de la cual puede surgir un cariño, me topo con mucha paja. Pero al analizar el concepto del compromiso la cosa cambia. A nadie se le fuerza para que continue una naciente relación hasta el momento en el que el aludido considera un compromiso social de atención y cortesía para con la segunda persona. La empatía puede influir mucho en estas cuestiones, sin embargo creo que el factor de más peso es la consideración.
   Mientras el sujeto en cuestión no tenga una consideración concreta para con otra persona, su relación se vuelve meramente circunstancial, con suerta talvez con ciertas cortesías por parte de ambos, sin embargo esta no llegará a más. Por otro lado, cuando el sujeto comienza a tener consideración por las expectativas del contrario es cuando se inicia formalmente una relación superior al nivel anteriormente descrito. Sin embargo, mi objetivo, si bien es hablar del inicio del cariño, es específicamente del cariño de pareja del que espero encontrar una buena definición. Por lo tanto aqui no acaba esta cantaleta.
   El problema para mi calaña es cuando empieza a sentir un cariño especial para con otra. Hay muchas maneras de comenzar a sentir específicamente este tipo de afecto, sin embargo, he observado en nuestro caso específico generalmente son dos: la idealización y la oportunidad.Ambas nacen de un gusto físico, aunque generalmente es somero comparado con otros aspectos que nos terminan atrayendo de ellas. El primordial de ellos es la convivencia. Ahora bien, ambas derivan de este último aspecto, pero tienen características diferentes.
   La idealización consiste en el imaginario que se va formando en nuestra cabecita y que termina recreando a una persona que, mediante los datos que tenemos, tendemos a imaginar a un todo cuando solo tenemos con suerte un cuarto de la ecuación completa. Rellenamos los espacios vacios con elementos que suponemos complementarios y nos olvidamos de que no porque consideremos que esos elementos sean complementarios a los que conocemos, sean compatibles al criterio de la persona que estamos idealizando. En conclusion con el primer aspecto, la idealizacion no es sino el ensueño que logramos generar por una persona, sea o no como esperamos que sea.
   La oportunidad como se define por si misma, es la oportunidad de estar con alguien, que en un principio nos parece agradable y de ahi surge una idea de una posible relación. Sin embargo esta, a diferencia de la idealización, significa un riesgo mucho mayor. La parte fea de esta es que en verdad no tenemos datos anteriores; no conocemos a la persona, y la definimos por una primera impresión que suele ser muy somera. Y para colmo, antes de darnos cuenta, es posible que comencemos a crear una idealizacion con base en datos no corroborados, lo cual nos llevaria finalmente a un cariño infundado, pero no igual de fuerte.
   Afortunadamente, es cuando se han reconocido factores que desmientan nuestra idealización o la visualización de una oportunidad, es mas fácil eliminar el apego. No con esto quiero decir que menos doloroso, pero definitivamente nos da mas armas mentales para luchar contra nuestra parte sentimental a la que deberíamos controlar mas, por lo menos a la hora que nos orilla a hacer acciones que no siempre nos llevan a los mejores resultados. Aunque viendolo por el lado positivo vamos agarrando callo.

Esta entrada la dedico a mis amigos, esperando que nos ayude a comprender mejor ciertas cosas que pasan, a las personas que hayan sufrido por la aplicacion de estas manías y a los que por simple curiosidad se hayan preguntado por el origen del cariño.

domingo, 5 de junio de 2011

Capitulo I La Partida


Capitulo 1

La Partida

 

-Preparaos. Nos vamos en una hora. – Grito una voz afuera de la tienda. Jack despertó aturdido por el sueño. Miró a su alrededor, se encontraba dentro de una pequeña tienda de tela blancuzca y sucia, los objetos que en ella se encontraban se limitaban a un yelmo, una cota de malla ligera su túnica con una gran cruz roja en el pecho, y, el mas preciado, la espada forjada por su padre. Había decidido unirse a los cruzados para recuperar Jerusalén, así que su anciano padre, con lágrimas en los ojos, le entrego la última espada que sus arrugadas manos habían armado. Al salir de Londres, marchó hacia el puerto de Brighton, donde se embarco hacia Francia.
Después de salir de Inglaterra, tuvo que soportar el entrenamiento más difícil que jamás imagino. Aunque cabe mencionar que desde el primer día, sus superiores lo consideraron especial. Fue nombrado líder de su grupo; en total cincuenta hombres. En el camino había conocido a un simpático escocés llamado Roy Galahad, el cual era ahora su subordinado y su mejor amigo. En ese momento se encontraban acampando en las afueras de Orleáns.
Jack se vistió y se armo rápidamente. Acto seguido salió presuroso de la tienda. Se encontraba en un vasto campamento lleno de carpas y cientos de pequeñas banderas de todos colores ondeando al fresco viento de la mañana. Se encamino hacia la carpa de los comandantes para recibir órdenes.
-¡Llega tarde Jack!- grito Lord Richard, su capitán inmediato. -¡Siéntese!
Jack  busco lo más rápido que pudo un asiento. Lord Richard era un buen hombre, pero muy estricto con respecto al orden militar. Estaba en una gran carpa circular con una gran mesa rectangular y varias sillas en donde los demás nobles ya se encontraban acomodados. Al lado de ellos se encontraban acomodados varios rollos de pergamino que, Jack suponía, eran mapas.
-Muy bien. Estas son las noticias. -dijo acariciándose la barba.-Una flotilla de diez barcos nos espera en Marsella para zarpar a Jerusalén. Talvez desembarquemos en Chipre antes de llegar a Tierra Santa, pero no es seguro. Esos mares están llenos de galeras sarracenas y no nos arriesgaremos a toparnos con ellas. Aunque en estos tiempos el mar ha estado agitado y no creo que se encuentren en condición de dar batalla. Pero basta de charloteos, Preparen a sus hombres.


Jack salio aprisa de la carpa, estaba muy emocionado, al fin, después de un mes de espera partían a la guerra. Tenia que contárselo a Roy, estaba seguro de su amigo se pondría loco de alegría.
Cuando llego ala carpa de su amigo, este ya estaba despierto, al parecer esperándolo.
-Roy, mi hermano; no adivinaras lo que ocurrió.
-¿Lord Richard esta enamorado de ti?
-¡No seas imbécil! Partimos a Jerusalén; los barcos nos esperan en Marsella.
-¡Vaya!, esa es una buena noticia, tomando en cuenta que allá nos esperan un montón de sanguinarios infieles con intenciones de cortarle el cuello a cualquier cristiano que pise su tierra.
-¿Qué, no te emociona?
-¡Claro que estoy emocionado!, es solo un poco de humor negro.
-Perfecto; empieza a levantar a los hombres, tenemos mucho que preparar.
El campamento se había convertido en unos cuantos segundos en completo alboroto. La noticia de la marcha se corrió rápidamente y las tropas se encontraban muy excitadas.
Los infantes iban y venían levantando el campamento, arreglando sus pertenencias y ordenando sus provisiones, mientras los caballeros daban ordenes a sus oficiales para organizar a los hombres.
Todos estaban felices; la mayoría eran jóvenes reclutas en busca de aventuras y emociones, y después de estar inactivos durante un mes no se les podía recriminar su actitud.
-¡¡Atención!!-grito Lord Richard mientras miraba a sus hombres –Prepárense para marchar. El camino a Marsella es largo.
Cuando todos hubieron estado formados se hizo un silencio sepulcral. El ejército estaba en expectativa de órdenes. Después de un rato se hizo oír la potente voz de un hombre por sobre los leves murmullos. -¡Avancen!

Capitulo 2 En el puerto

Capitulo 2

En el puerto

 
 
El viaje era largo y agotador; hacia siete días que habían partido de Orleáns y aun no veían el puerto. Se encontraban marchando por un enorme páramo desolado y desértico del cual no se alcanzaba a distinguir su fin.
-Hey Jack, ¿Cuánto falta?
-Te he dicho varias veces que no lo sé
-Oh vamos, ya has tenido varias reuniones con Lord Richard y los otros nobles, debes saber algo.
-Solo han llegado unas cuantas noticias. Nos uniremos al ejército de Godofredo de Bouillon[1] cerca de Acre, pero además de eso nada nuevo.
-Maldita sea. Estoy harto de esta marcha. Lo único que podría considerarse emocionante en esta asquerosa marcha es la pelea con el ebrio en el camino. ¡Esto es una vasca!
-¡Cálmate Roy!, llegaremos… algún día- dijo Jack para sus adentros.
Pasaron otros cinco días de penosa marcha hasta que se escuchó la voz de Lord Richard al principio de la columna -¡Llegamos, llegamos al puerto!
Se acercaban a un pequeño pueblo costero en el cual se veían a lo lejos una decena de pequeños mástiles alzándose por encima de los tejados de las viviendas de los pobladores. Entrando al pueblo se podía percibir lo feliz que estaba la gente al recibirlos, los creían casi unos héroes. Los comerciantes les ofrecían lo mejor de su mercancía y las mujeres se les acercaban continuamente de una manera muy tentadora. Pero estas actitudes no gustaban mucho a Roy.
-¡¡Por fin!! , lo primero que haré será tomarme un buen tarro de cerveza de cebada; hace días que no tomo más que el agua caliente de mi bota. –dijo Roy con entusiasmo, señalando su recipiente de cuero negro, ya casi vacío.
-Esta bien, has lo que quieras, yo tengo que preparar las provisiones para el viaje, no tocaremos tierra en algún tiempo. Tienes una hora.
Jack se alejó caminando con paso firme hacia el mercado para conseguir los víveres.
Desde que partieron de Orleáns estaba inquieto. Lord Richard había mencionado algo de unas galeras sarracenas, pero solo las menciono como si realmente no fueran una posibilidad.
En cambio Jack tenía un presentimiento; sabía que debía estar listo para entrar en acción. El estaba enterado de que esos navíos eran famosos por la destrucción y la masacre que causaban entre los barcos europeos.
Caminaba distraído por entre los establecimientos meditando profundamente las situaciones cuando de pronto sintió un fuerte impacto y seguidamente vio como un delgado bulto caía al suelo. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que había tropezado con alguien sin querer y lo había derribado. En cuanto se dio cuenta de su error se aprestó a auxiliarlo.
-Perdone mi equivocación, no lo vi.-dijo Jack un tanto apenado por lo que acababa de suceder, mientras el mozo se sacudía el polvo de la espalda y las posaderas.
-No hay problema, yo tampoco lo… espere; ¿¡Es usted un cruzado!?- pregunto el chico con desbordante expectación.
-Si, así es. Soy Jack de Cladich, vengo de Inglaterra. –dijo Jack con intriga, preguntándose porque se lo preguntaba aquel joven.
-¡Vaya! Que suerte la mía. Mi nombre es Harold de Frankfurt, pero eso ahora no importa. Solo quisiera saber si podrían aceptarme entre sus tropas… señor. – Dijo el chico acabando casi con un hilo de voz.
-Pues claro que te acepto; y no me llames señor. Solo hay una pregunta: ¿Sabes pelear?
- No, no señ… perdón, Jack.
-No te preocupes, yo te enseñare en el barco.
-¿¡Iremos en barco!?- pregunto Harold impresionado al saber que viajarían por el mar.
-Pues claro, es necesario, ¿O prefieres caminar?
-No, no, claro que no.
-Bien, entonces en marcha reúne lo que quieras llevar. Te veré en el muelle en una hora.
-Gracias señor, iré por mis cosas… pero no tengo ni espada, ni armadura ni nada.
- Eso no es un problema; el herrero del barco te proveerá de lo necesario.
-Genial, gracias de nuevo.
Mientras esto pasaba en el centro del pueblo, Roy se encontraba en la taberna, y no en muy buenas condiciones. El cruzado se encontraba en un sombrío lugar con unas cuantas mesas circulares y un tabernero gordo y calvo que tenia pinta de malhumorado por las quejas constantes que profería Roy en contra de sus bebidas.
-Esta cerveza estaba en mal estado, quiero mi plata ahora.
-No señor, eso no es posible, no le devolveré su dinero, no señor. –decía el tabernero con el rostro amoratado del coraje que tenia.
-Si no me lo devuelve ahora mismo tendré que tomarlo por la fuerza. –decía Roy a la vez que apretaba su puño con furia y lo echaba hacia atrás para tomar impulso.
Temeroso el tabernero de ser golpeado por un hombre visiblemente mas fuerte y agresivo que el, dio un  gran silbido al mismo tiempo que decía de forma burlona –Inténtelo si se atreve.
En ese momento salieron de la trastienda una docena de fornidos guardias armados con garrotes y espadas.
-Vaya, esto se va a poner bueno. –Dijo Roy mientras desenvainaba la espada. –Bien, ¿Quién quiere ser el primero? –dijo en tono sarcástico al momento de abalanzarse sobre los guardias.
El combate era desigual, aunque Roy se estaba batiendo con mucha maestría. Eso fue hasta que tropezó con una silla al ir retrocediendo.
-Diablos, estoy en un lío- dijo para sí Roy mientras veía como sus atacantes se le acercaban peligrosamente.
-Maldita sea, le dije a Roy que solo una hora. Seguro esta enfrascado con una mujer- decía Jack mientras revisaba el puerto en busca de su amigo. –Será mejor que vaya por él.
Empezó a caminar, enfilando sus pasos a la taberna, donde sabía que encontraría a su problemático amigo.
-Lo voy a matar- susurro mientras empujaba la puerta del local. No bien había terminado de abrirla, cuando vio como Roy, caminando de espaldas, caía al suelo; mientras doce hombres armados se aproximaban a él.
Tan rápido como pudo, desenvainó la espada y se lanzó contra los agresores de su amigo. En el primer embate, los tomo por sorpresa y derribo a algunos con el impacto; después corrió hacia su amigo y lo ayudo a pararse para enseguida echarse a correr, ya que los guardias se estaban recuperando y se disponían a perseguirlos.
Esperando que los barcos no hubieran zarpado ya; Jack y Roy corrieron con todas las fuerzas que les permitieron acumular sus fatigadas piernas.
Al doblar la esquina un joven tropezó con ellos derribándolos al instante, ya que la distracción de los perseguidos era tal que les impedía ver otra cosa que no fueran sus perseguidores.
-Oiga, tenga mas cuida… ¡pero si eres tu Jack!, ¿Qué diablos haces?- pregunta Harold; extrañado de ver a su amigo sin aliento y arrastrando a alguien que parecía ser un vagabundo.
-¡No hay tiempo para explicaciones, corre si quieres vivir!- contestó Jack con el poco aliento que le quedaba.
Después de unos minutos de continua carrera, Roy se dio cuenta de que por más que se esforzaran, no les alcanzarían las fuerzas para llegar a los barcos. Viendo esto; tomó con brusquedad el brazo de Harold y con voz ronca le dijo –Chico me importa un bledo tu nombre pero necesito tu ayuda; corre hacia el muelle y diles a los tripulantes que no zarpen aún. Retrásalos lo más que puedas.
Mientras los dos amigos veían como se alejaba corriendo el joven, los guardias de la taberna les estaban dando alcance. Cuando Jack se dio cuenta lo que ocurría tomo a Roy por el cuello de la camisa y le dijo -¡Sigue corriendo Roy! ¡Nos están alcanzando!
-¡Déjame respirar con un demonio!-respondió Roy agobiado por el cansancio.
-¡Nada de “déjame respirar” CORRE!
-Maldita sea- murmuro Roy, mientras reanudaba su carrera.
La carrera ya llevaba largo rato; pues la taberna en la que Roy había tenido el altercado estaba alejada del puerto. De pronto una débil voz se dejo escuchar por encima de los continuos jadeos de los dos amigos.- ¡Todos a bordo!
Jack y Roy palidecieron al escuchar la orden y reanudaron su apresurado andar pero para cuando llegaron al muelle donde se suponía debería estar esperándolos su embarcación se toparon con la preocupante visión de un barco alejándose de tierra cada vez mas y mas.
Legaron al borde del muelle sin saber que hacer mientras volteaban hacia atrás viendo como sus perseguidores les ganaban terreno.
-Oh dios, este es el fin, este es el fin- repetía Roy en su desesperación.
-Cállate y déjame pensar… esta bien; no hay otro remedio. Roy tenemos que saltar- Al parecer Jack estaba muy resuelto en cuanto a su dedición.
-¡Que! ¿¡Al agua!? ¿Estas loco?- Respondió Roy, dejando notar un dejo de temor en sus palabras.
-Que; ¿Acaso no sabes nadar?- Pregunto Jack incrédulo ante el miedo en las palabras en su amigo, al cual siempre había considerado como un valiente guerrero.
-Eh, ¿Tengo que responder a eso?- Respondió su amigo con voz dudosa.- ¡Pues no idiota, no se nadar, vengo de las montañas!
-Ahora eso no importa, ¡SALTA!
-¿Qué?
-¡SALTA!
Los dos valientes amigos saltaron lo mas lejos que pudieron con extenuadas piernas. Al caer al agua, Jack tuvo que tomar rápidamente por el cuello a su amigo y ponerlo sobre su espalda para llevarlo hacia el barco que se alejaba cada vez más y más.
Jack estaba totalmente extenuado, sentía como si de un momento a otro se le fueran a acabar sus ya menguadas fuerzas y temía que fuera a dejar caer a su amigo Roy solo en el agua; el cual, después de unos momentos de haber entrado al agua se había desmayado a causa del pánico.
A lo lejos se oyó a alguien que decía con voz desesperada- ¡Tomen esto!- poco después de aquella voz que para Jack sonaba mas como un gorgoteo de agua, cayó el cabo de una cuerda. Con dificultad se zafó del brazo de su amigo, el cual le asfixiaba, para tomar la cuerda y amarrársela lo mejor que pudo a la cintura.
Al cabo de un instante sintió un fuerte tirón, sentía como le jalaban de un lugar no muy lejano. Entre sombras veía una oscura, pero conocida silueta haciendo esfuerzos sobrehumanos para subirlo a lo que parecía la cubierta de un  barco. El cansancio le cerraba los parpados; sentía como su cuerpo caía en la dura superficie, escuchaba como le hablaban pero ya no se sentía con las fuerzas suficientes para contestar. En el último esfuerzo abrió sus ojos y vio claramente el rostro de Harold, después de eso no recordó nada más.