Capitulo 2
En el puerto
El viaje era largo y agotador; hacia siete días que habían partido de Orleáns y aun no veían el puerto. Se encontraban marchando por un enorme páramo desolado y desértico del cual no se alcanzaba a distinguir su fin.
-Hey Jack, ¿Cuánto falta?
-Te he dicho varias veces que no lo sé
-Oh vamos, ya has tenido varias reuniones con Lord Richard y los otros nobles, debes saber algo.
-Solo han llegado unas cuantas noticias. Nos uniremos al ejército de Godofredo de Bouillon[1] cerca de Acre, pero además de eso nada nuevo.
-Maldita sea. Estoy harto de esta marcha. Lo único que podría considerarse emocionante en esta asquerosa marcha es la pelea con el ebrio en el camino. ¡Esto es una vasca!
-¡Cálmate Roy!, llegaremos… algún día- dijo Jack para sus adentros.
Pasaron otros cinco días de penosa marcha hasta que se escuchó la voz de Lord Richard al principio de la columna -¡Llegamos, llegamos al puerto!
Se acercaban a un pequeño pueblo costero en el cual se veían a lo lejos una decena de pequeños mástiles alzándose por encima de los tejados de las viviendas de los pobladores. Entrando al pueblo se podía percibir lo feliz que estaba la gente al recibirlos, los creían casi unos héroes. Los comerciantes les ofrecían lo mejor de su mercancía y las mujeres se les acercaban continuamente de una manera muy tentadora. Pero estas actitudes no gustaban mucho a Roy.
-¡¡Por fin!! , lo primero que haré será tomarme un buen tarro de cerveza de cebada; hace días que no tomo más que el agua caliente de mi bota. –dijo Roy con entusiasmo, señalando su recipiente de cuero negro, ya casi vacío.
-Esta bien, has lo que quieras, yo tengo que preparar las provisiones para el viaje, no tocaremos tierra en algún tiempo. Tienes una hora.
Jack se alejó caminando con paso firme hacia el mercado para conseguir los víveres.
Desde que partieron de Orleáns estaba inquieto. Lord Richard había mencionado algo de unas galeras sarracenas, pero solo las menciono como si realmente no fueran una posibilidad.
En cambio Jack tenía un presentimiento; sabía que debía estar listo para entrar en acción. El estaba enterado de que esos navíos eran famosos por la destrucción y la masacre que causaban entre los barcos europeos.
Caminaba distraído por entre los establecimientos meditando profundamente las situaciones cuando de pronto sintió un fuerte impacto y seguidamente vio como un delgado bulto caía al suelo. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que había tropezado con alguien sin querer y lo había derribado. En cuanto se dio cuenta de su error se aprestó a auxiliarlo.
-Perdone mi equivocación, no lo vi.-dijo Jack un tanto apenado por lo que acababa de suceder, mientras el mozo se sacudía el polvo de la espalda y las posaderas.
-No hay problema, yo tampoco lo… espere; ¿¡Es usted un cruzado!?- pregunto el chico con desbordante expectación.
-Si, así es. Soy Jack de Cladich, vengo de Inglaterra. –dijo Jack con intriga, preguntándose porque se lo preguntaba aquel joven.
-¡Vaya! Que suerte la mía. Mi nombre es Harold de Frankfurt, pero eso ahora no importa. Solo quisiera saber si podrían aceptarme entre sus tropas… señor. – Dijo el chico acabando casi con un hilo de voz.
-Pues claro que te acepto; y no me llames señor. Solo hay una pregunta: ¿Sabes pelear?
- No, no señ… perdón, Jack.
-No te preocupes, yo te enseñare en el barco.
-¿¡Iremos en barco!?- pregunto Harold impresionado al saber que viajarían por el mar.
-Pues claro, es necesario, ¿O prefieres caminar?
-No, no, claro que no.
-Bien, entonces en marcha reúne lo que quieras llevar. Te veré en el muelle en una hora.
-Gracias señor, iré por mis cosas… pero no tengo ni espada, ni armadura ni nada.
- Eso no es un problema; el herrero del barco te proveerá de lo necesario.
-Genial, gracias de nuevo.
Mientras esto pasaba en el centro del pueblo, Roy se encontraba en la taberna, y no en muy buenas condiciones. El cruzado se encontraba en un sombrío lugar con unas cuantas mesas circulares y un tabernero gordo y calvo que tenia pinta de malhumorado por las quejas constantes que profería Roy en contra de sus bebidas.
-Esta cerveza estaba en mal estado, quiero mi plata ahora.
-No señor, eso no es posible, no le devolveré su dinero, no señor. –decía el tabernero con el rostro amoratado del coraje que tenia.
-Si no me lo devuelve ahora mismo tendré que tomarlo por la fuerza. –decía Roy a la vez que apretaba su puño con furia y lo echaba hacia atrás para tomar impulso.
Temeroso el tabernero de ser golpeado por un hombre visiblemente mas fuerte y agresivo que el, dio un gran silbido al mismo tiempo que decía de forma burlona –Inténtelo si se atreve.
En ese momento salieron de la trastienda una docena de fornidos guardias armados con garrotes y espadas.
-Vaya, esto se va a poner bueno. –Dijo Roy mientras desenvainaba la espada. –Bien, ¿Quién quiere ser el primero? –dijo en tono sarcástico al momento de abalanzarse sobre los guardias.
El combate era desigual, aunque Roy se estaba batiendo con mucha maestría. Eso fue hasta que tropezó con una silla al ir retrocediendo.
-Diablos, estoy en un lío- dijo para sí Roy mientras veía como sus atacantes se le acercaban peligrosamente.
-Maldita sea, le dije a Roy que solo una hora. Seguro esta enfrascado con una mujer- decía Jack mientras revisaba el puerto en busca de su amigo. –Será mejor que vaya por él.
Empezó a caminar, enfilando sus pasos a la taberna, donde sabía que encontraría a su problemático amigo.
-Lo voy a matar- susurro mientras empujaba la puerta del local. No bien había terminado de abrirla, cuando vio como Roy, caminando de espaldas, caía al suelo; mientras doce hombres armados se aproximaban a él.
Tan rápido como pudo, desenvainó la espada y se lanzó contra los agresores de su amigo. En el primer embate, los tomo por sorpresa y derribo a algunos con el impacto; después corrió hacia su amigo y lo ayudo a pararse para enseguida echarse a correr, ya que los guardias se estaban recuperando y se disponían a perseguirlos.
Esperando que los barcos no hubieran zarpado ya; Jack y Roy corrieron con todas las fuerzas que les permitieron acumular sus fatigadas piernas.
Al doblar la esquina un joven tropezó con ellos derribándolos al instante, ya que la distracción de los perseguidos era tal que les impedía ver otra cosa que no fueran sus perseguidores.
-Oiga, tenga mas cuida… ¡pero si eres tu Jack!, ¿Qué diablos haces?- pregunta Harold; extrañado de ver a su amigo sin aliento y arrastrando a alguien que parecía ser un vagabundo.
-¡No hay tiempo para explicaciones, corre si quieres vivir!- contestó Jack con el poco aliento que le quedaba.
Después de unos minutos de continua carrera, Roy se dio cuenta de que por más que se esforzaran, no les alcanzarían las fuerzas para llegar a los barcos. Viendo esto; tomó con brusquedad el brazo de Harold y con voz ronca le dijo –Chico me importa un bledo tu nombre pero necesito tu ayuda; corre hacia el muelle y diles a los tripulantes que no zarpen aún. Retrásalos lo más que puedas.
Mientras los dos amigos veían como se alejaba corriendo el joven, los guardias de la taberna les estaban dando alcance. Cuando Jack se dio cuenta lo que ocurría tomo a Roy por el cuello de la camisa y le dijo -¡Sigue corriendo Roy! ¡Nos están alcanzando!
-¡Déjame respirar con un demonio!-respondió Roy agobiado por el cansancio.
-¡Nada de “déjame respirar” CORRE!
-Maldita sea- murmuro Roy, mientras reanudaba su carrera.
La carrera ya llevaba largo rato; pues la taberna en la que Roy había tenido el altercado estaba alejada del puerto. De pronto una débil voz se dejo escuchar por encima de los continuos jadeos de los dos amigos.- ¡Todos a bordo!
Jack y Roy palidecieron al escuchar la orden y reanudaron su apresurado andar pero para cuando llegaron al muelle donde se suponía debería estar esperándolos su embarcación se toparon con la preocupante visión de un barco alejándose de tierra cada vez mas y mas.
Legaron al borde del muelle sin saber que hacer mientras volteaban hacia atrás viendo como sus perseguidores les ganaban terreno.
-Oh dios, este es el fin, este es el fin- repetía Roy en su desesperación.
-Cállate y déjame pensar… esta bien; no hay otro remedio. Roy tenemos que saltar- Al parecer Jack estaba muy resuelto en cuanto a su dedición.
-¡Que! ¿¡Al agua!? ¿Estas loco?- Respondió Roy, dejando notar un dejo de temor en sus palabras.
-Que; ¿Acaso no sabes nadar?- Pregunto Jack incrédulo ante el miedo en las palabras en su amigo, al cual siempre había considerado como un valiente guerrero.
-Eh, ¿Tengo que responder a eso?- Respondió su amigo con voz dudosa.- ¡Pues no idiota, no se nadar, vengo de las montañas!
-Ahora eso no importa, ¡SALTA!
-¿Qué?
-¡SALTA!
Los dos valientes amigos saltaron lo mas lejos que pudieron con extenuadas piernas. Al caer al agua, Jack tuvo que tomar rápidamente por el cuello a su amigo y ponerlo sobre su espalda para llevarlo hacia el barco que se alejaba cada vez más y más.
Jack estaba totalmente extenuado, sentía como si de un momento a otro se le fueran a acabar sus ya menguadas fuerzas y temía que fuera a dejar caer a su amigo Roy solo en el agua; el cual, después de unos momentos de haber entrado al agua se había desmayado a causa del pánico.
A lo lejos se oyó a alguien que decía con voz desesperada- ¡Tomen esto!- poco después de aquella voz que para Jack sonaba mas como un gorgoteo de agua, cayó el cabo de una cuerda. Con dificultad se zafó del brazo de su amigo, el cual le asfixiaba, para tomar la cuerda y amarrársela lo mejor que pudo a la cintura.
Al cabo de un instante sintió un fuerte tirón, sentía como le jalaban de un lugar no muy lejano. Entre sombras veía una oscura, pero conocida silueta haciendo esfuerzos sobrehumanos para subirlo a lo que parecía la cubierta de un barco. El cansancio le cerraba los parpados; sentía como su cuerpo caía en la dura superficie, escuchaba como le hablaban pero ya no se sentía con las fuerzas suficientes para contestar. En el último esfuerzo abrió sus ojos y vio claramente el rostro de Harold, después de eso no recordó nada más.
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