martes, 5 de febrero de 2013

Cuando no tengo frío

Es un sueño. Vasto es el interés que siente el ser humano por sus necesidades. La búsqueda de la carne y la pasión, la creación de un sentimiento que en fondo carcome, más en piel se sobrepone, controla y subyuga: voluntad derrotada. La necesidad de la superioridad. Coloso a la postre de grandezas, futuro aún no acontecido del hombre en su delirio. Pero nada comparado con la tranquilidad anhelada. La seguridad del pellejo, la carcajada reprimida, las facciones relajadas y en los ojos la calma por el recoveco del alma. No hay miedo o intereses, pretensión insensata. Sólo el brazo hermano del camarada andante y el cálido beso de la bella amante. Rincón buscado en los sueños del hombre libre, la simplicidad del corazón vence y hacia el horizonte solo hay sol, árboles, rumores. El viento y el agua se entremezclan en danza y música propia, y arremolinándose con furia  hacia el vacío, la tierra observa impasible su eterno andar. Ahí, en fraterna y filial compañía, ante la inmensidad de la armonía pasaría mi vida. En ese sueño... no tengo frío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario